¿Y a los muchachos que les pasa?
Se habla del síndrome ADAM (o
deficiencia de andrógenos o ANDROPAUSIA) para referirse al cuadro
similar que se presenta en los hombres. Aunque la ciencia dice que sólo
lo padecerá el 40 al 50% de los hombres a partir de los 50 años, habría
que preguntarles a las mujeres que opinan de estas estadística. El
tema seria que ante una disminución del nivel de andrógenos,
fundamentalmente de Testosterona, el hombre tendría manifestaciones
físicas en la respuesta sexual (pérdida o disminución de la erección,
falta de deseo , retraso en la eyaculación ), junto a modificaciones
de humor, ( por eso también lo llaman el síndrome del hombre gruñon), y
disminución de la fuerza muscular y fatiga.Lo cierto es que después de haber criado los hijos, entrar en la última etapa laboral y perder la capacidad de reproducirse, las parejas se encuentran con varios cambios, no sólo físicos sino también de disponibilidad de tiempo. Las rutinas domésticas ya no serán las mismas y el tiempo para estar juntos tampoco, y si la pareja se sostuvo estrictamente en los roles parentales estaremos en problemas.
Esta etapa invita a la pareja a recrearse, a encontrar a partir del juego y la diversión un nuevo espacio para el encuentro. Es un buen momento para animarnos a los cambios. A veces estos cambios incluyen la pareja, pero en muchos otros casos se trata de poder encontrar entre dos una nueva modalidad de encuentro, romper rutinas, descubrir nuevas pasiones y gustos, poder comunicárselo al otro, y hacer uso de las libertades y del tiempo que en esta etapa disponemos.

Encontrar en lo personal e individual el espacio intimo de placer y goce (permitirse alguna actividad o espacio propio de algo íntimo que se elija desde la pasión) es un buen plan para este momento.
Aprender a pedir lo que se desea y aceptar las modificaciones que la vida impone desde un lugar de conexión con el verdadero Ser interior, respetar el espacio y el deseo del otro, y aceptar que los cambios vienen independientemente de que uno quiera que ocurran.
La cultura y los medios a veces imponen modelos totalmente antitéticos a esta propuesta. Hay que ser joven eternamente, tener siempre ganas de tener sexo y gozar con múltiples orgasmos o “estás en el horno”, como dicen los jóvenes.
Hombres y mujeres… ¡seamos HUMANOS! Aprendamos a reconocer nuestros propios recursos internos que nos permiten vivir con felicidad, goce y armonía en cada una de las etapas de la maravilla que es la VIDA, y cuando menciono la palabra armonía me refiero a la interior, donde el corazón, el alma y el cerebro puedan danzar el mismo ritmo.
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