LA SEXUALIDAD EN LAS DIFERENTES ETAPAS DE LA VIDA Y EN SITUACIONES ESPECIAL.
Desde la visión de la vida
sexual del ser humano como algo flexible, cambiante y en permanente
proceso de transformación, se capta en toda su hondura la realidad del
hecho sexual. La sexualidad no tiene una sola función, ni es algo
particular de un periodo de la vida del ser humano. No es algo rígido
desde que nacemos hasta nuestra muerte. Cada etapa de nuestra vida tiene
sus peculiaridades y la sexualidad no es ajena a esta realidad. Por
ello, una visión positiva, enriquecedora y responsable de las bondades
del sexo permite disfrutar de lo bueno de nuestra sexualidad en cada uno
de los periodos de la vida.
La infancia, a la que se ha considerado
un periodo asexuado de la vida tiene, por el contrario, una gran
importancia en la formación del ser sexuado. Cuando nacen, la niña y el
niño tienen un patrón de conducta sexual poco diferenciado. A excepción
de los órganos genitales, distintos en cada sexo, el comportamiento
motor y sensorial es semejante en ambos.
En este periodo, que se prolonga desde
el nacimiento a la adolescencia, se producen una serie de cambios
físicos y psíquicos que constituyen el desarrollo. Para comprender esta
etapa como génesis de la sexualidad humana hay que tener en cuenta los
siguientes aspectos:
- El ser humano nace con unas
estructuras centrales activas que son determinantes de la frecuencia, la
forma y la orientación de la conducta sexual. Estas estructuras se
relacionan y adaptan a la realidad externa y al sujeto.
- El desarrollo sexual es fruto de la
persona y de su modo de actuar, de la relación con su medio y de las
circunstancias que de él emanan.
- En paralelo con los aspectos
biológicos con los que nacemos, comienzan a influirnos una serie de
determinantes externos al sujeto y cambiantes en el tiempo. Entre ellos
podemos hablar de factores culturales, religiosos, ideológicos y
sociales. Se manifiestan a través de las pautas de crianza y criterios
educativos referidos al dimorfismo sexual (el hecho de que en la especie
animal humana hay dos sexo, el femenino y el masculino), con una
marcada influencia en la diferenciación psicosexual entre niñas y niños.
Por ello podemos considerar de un modo genérico que el desarrollo
sexual es consecuencia de la interacción del sujeto (formado por su
cuerpo y su psique), su medio socio-cultural y los acontecimientos que
vaya experimentando.
EN LA EDAD ADULTA
Podemos dividir esta etapa en dos
periodos, de acuerdo a las dos décadas que abarca: la que va de los 20 a
los 30 años, y la que llega a los 40. En la primera, la persona sufre
multitud de cambios, sobre todo en el plano psicológico. Es un tiempo en
el que se toman decisiones que van a marcar el resto de la vida (modelo
de vida, trabajo, matrimonio, responsabilidades). En el plano de la
sexualidad es un tiempo de experimentar, conocer, buscar y profundizar
en la propia expresión sexual. Conviven la incertidumbre con la completa
satisfacción, y está presente todavía la preocupación adolescente sobre
la destreza en la práctica del sexo. Si en cualquier aspecto de la vida
las creencias y la educación moldean la conducta, en la sexualidad
ocurre lo mismo. En la medida en que se logra madurez para preguntarse
sobre principios y normas relativas a la sexualidad, cada persona
adquiere la posibilidad de desarrollar su esfera sexual con total
libertad y de vivir de un modo pleno su orientación sexual
(heterosexual, homosexual o bisexual). En la segunda etapa se culmina,
al menos se espera culminar, la orientación del deseo, el tipo de vida,
el estado civil y la estabilidad con la pareja, o, si se prefiere, en
solitario. Todos ellos son aspectos que tienen su repercusión en el
comportamiento sexual, aunque no desaparecen las condiciones anatómicas,
psicológicas y emocionales, y siguen presentes los recuerdos de etapas
pretéritas, las fantasías, las asociaciones y expectativas que conforman
el entramado del que surge la conducta sexual.
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